La siguiente es una historia que ocurrió en el Almacén de Ramos Generales, cuando el negocio marchaba bien. Tal vez en la década del ’50.
Como era habitual, un paisano de nombre Teófilo Gómez que trabajaba de peón en un campo cercano, se arrimó al boliche como a las 11 hs, con el propósito de tomarse un vermú..
Doña Petrona, la esposa del almacenero, estaba atendiendo el almacén.
Don Gómez se sentó en una mesita de lata del despacho de bebidas y pidió un vaso de Gancia con soda.
A la señora le costó un poco encontrar la botella. Evidentemente el Gancia se había terminado...
Una característica de Petrona es que nunca se da por vencida ante la evidencia de que algo se extravió, o de que falta alguna cosa. En esos momentos eleva una plegaria a San Antonio y –hay que creer o reventar- lo que se había perdido aparece.
Parece que esa fue la receta que utilizó y, aunque ya no había de esa bebida en el almacén, doña Petrona dio con una botella de Gancia que contenía un líquido amarillento.
Antes de continuar con ese relato contaré que nuestra almacenera había heredado muchos conocimientos sobre remedios caseros, que se utilizaban en el campo para aliviar algunos males menores. El uso del agua de barba de choclo (el contenido de la botella) estaba indicado para los dolores de riñones que padecía su marido.
Entonces le sirvió a don Gómez el primer vaso de Gancia con un chorro generoso de soda.
El cliente se tomó de un sorbo el primer vaso.
_ Sirva otro doña Petrona! Pidió con desconcierto.
Nuevamente lo bebió de un trago.
_ Sirva otro más doña Petrona! Gritó, mientras por lo bajo se quejaba de que su bebida no tenía gusto a nada.
Así lo hizo tres veces más, hasta que se decidió a poner su queja a la almacenera (todos sabían que con ella las cosas podían terminar mal).
Esto no tiene gusto a alcohol. Doña Petrona, si lo que Ud. me dio era Gancia ya debería estar borracho, me tomé media botella... Masculló don Gómez.
Lo que yo le dí es Gancia m’hijito! Ud. está tan borracho que ya no siente el gusto de las bebidas. Tiene tanto alcohol en el cuerpo que le sale hasta por las orejas. Pague don Gómez y vaya...
El cliente salió renegando. No estoy borracho! No estoy borracho! Le escucharon decir, mientras volvía al trabajo.
A la noche, cuando don Fronteras pidió su agua de barbas de choclo se supo la verdad: por error le había vendido cinco vasos de Gancia mentiroso a don Gómez. Pero eso no era lo peor... El pobre hombre había tenido que soportar la segunda media jornada de su trabajo SOBRIO.